El sector de las ONGD anda convulso. Por diversos
motivos, las ONGD españolas, a título individual y colectivo, están ante una
encrucijada que posiblemente vaya a marcar de manera determinante su futuro
devenir. Como todo momento de crisis, ésta plantea oportunidades y riesgos que,
según cómo se articulen, derivarán en un avance o retroceso respecto a los fines
últimos a los que aspira el conjunto de las ONGD. De todos modos, conviene
mantener una cierta precaución y sosiego puesto que ante estos escenarios se
suele caer en la tentación tanto de hacer balances excesivamente precipitados y
superficiales como de obtener conclusiones demasiado maniqueas, culpabilizadoras
y llamativas.
Desde una perspectiva positiva y creativa, resultaría deseable que las ONGD
afrontaran estos trascendentales desafíos adoptando unas formas y un fondo que se
caracterizaran por sumar esfuerzos más que por restar confianza, por buscar puntos
de encuentro más que por resaltar desencuentros puntuales, por compartir ideales
y valores más que por competir por recursos, por transparentar posiciones más que
por oscurecer planteamientos, por dotar de centralidad a las poblaciones con las
que trabajan más que por enviarlas a la periferia de los proyectos, por armar
relaciones más que por edificar estructuras administrativas, por ir construyendo
con el "otro" desde lo vivencial más que por ir "parcheando" a lo "otro" desde lo
virtual, por crear nuevas mediaciones más que por interponer nuevos intermediarios,
por intercambiar cosmovisiones más que por monetarizar los intercambios, por abrir
interrogantes más que por abrir nuevas cuentas corrientes, por horizontalizar la
participación más que por aplanar la discusión, por crear una cultura de la
solidaridad desde dentro y no sólo hacia fuera, por ser germen de transformación
y alternancia y no virus de inmovilismo y complacencia, por trabajar en red más
que por acabar "enredados", por involucrar a la sociedad más que por impactarla
mediáticamente y, en definitiva, por ser parte de la "utópica" solución más que
del "enquistado" problema.
La revitalización de este sentido utópico y casi místico en las ONGD resulta
básico para que puedan seguir dando pasos hacia delante y mantengan su cualidad
de "movimiento". La ciudadanía de "aquí" y de "allí" debe encontrar un espacio de
desarrollo conjunto en las ONGD para que éstas revitalicen su componente "civil".
Y la reflexión permanente y clarificadora de las señas de identidad de estas
organizaciones es clave para que no pierda vigencia y especificidad su componente
"asociativo".
Bernardo García Izquierdo
Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales. Actualmente, es profesor de
Política Económica y Economía del Desarrollo en la Facultad de Ciencias Económicas
y Empresariales (La Comercial) de la Universidad de Deusto, y coordinador y
profesor del Area de Gestión del Master en Ayuda Internacional Humanitaria de la
misma Universidad. Es autor de diversas publicaciones en el área de gestión de las
ONG, colabora en diferentes cursos como docente en esta materia y ha participado
en diferentes foros relativos a este tema. También es colaborador asiduo de
distintas ONG y fundaciones, realizando labores de asesoría en el campo de la
cooperación internacional, la dirección estratégica de ONG, la comunicación y el
marketing no lucrativo. Miembro de la Asociación de Profesionales del Fundraising
(APF) y de la Comisión de Seguimiento del Código de Conducta de la Coordinadora
de ONGD del País Vasco.
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