7 de octubre de 2008
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Acción Social Corporativa

Fondos éticos y solidarios


En el siglo XIX, algunas comunidades religiosas de EE UU, como los cuáqueros, decidieron que no invertirían sus ahorros en aquellos proyectos que estuvieran vinculados a la esclavitud y el alcohol. Acababa de nacer lo que hoy se conoce como inversiones socialmente responsables, idea en la que se basan los llamados fondos éticos, solidarios y ecológicos.

Estos productos financieros son definidos por Josep M. Lozano, en un reciente estudio de la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE), como aquellos fondos que "introducen, explícitamente, criterios de preselección en las actuaciones empresariales a partir de valores éticos y de responsabilidad social y medioambiental". Se trata, pues, de fondos de inversión que suman un componente de conciencia al interés económico.

En EE UU se empezó a hablar de inversiones responsables en la década de los sesenta, cuando un grupo de universitarios se cuestionó la conveniencia de financiar, a través de sus inversiones, la Guerra de Vietnam. Así surgió, en 1971, el primer fondo ético moderno, Pax World Fund, que excluía de sus operaciones todas aquellas empresas relacionadas con la industria bélica. Tres décadas después, los fondos responsables norteamericanos manejan 25 billones de pesetas repartidos entre 175 productos diferentes. En Gran Bretaña -otro país con tradición en este tipo de inversiones- un total de 54 fondos gestionan algo más de un billón de pesetas.

En los treinta años transcurridos, las inversiones responsables se han asentado y definido en el mundo anglosajón, desde donde se están extendiendo al resto del planeta. Hoy podemos encontrarlos en una quincena de estados desarrollados. En Europa, Reino Unido encabeza la clasificación, seguido por Suecia, con 42 fondos, y Suiza, con 22.

España está situada en el cuarto lugar de este ránking, por delante de Francia y Bélgica. Aquí vieron la luz en 1997, con el Ahorro Corporación Arcoiris, aunque no fue hasta 1999 cuando desembarcaron la gran mayoría de los 15 títulos disponibles en el mercado, que en la actualidad atesoran un patrimonio de 17.590 millones de pesetas.

Responsabilizar la inversión

Para garantizar que los fondos éticos actúan realmente de una forma ética, acostumbran a incorporar una serie de elementos que los identifican y que condicionan su actividad: criterios de selección -positivos o negativos- de los valores de la cartera, una comisión de control independiente y equipos de investigación ética.

Los criterios positivos son, por ejemplo, que las empresas apliquen criterios de desarrollo sostenible, que den a conocer sus actividades y se sometan a auditorías públicas, que fomenten la inserción laboral de jóvenes y mujeres... Los criterios negativos, más definitorios, pueden excluir las industrias nucleares, tabaqueras, aquellas que experimenten con animales vivos... Cada fondo responde a las preferencias de sus partícipes y suele combinar tanto criterios positivos como negativos.

La comisión de control no siempre está contemplada por el reglamento del fondo. Se encarga de verificar que las inversiones realizadas son coherentes con los criterios establecidos previamente y son, por lo tanto, un aval para los partícipes. Sus miembros son expertos independientes del ámbito docente, de la ética empresarial, representantes de ONG... Normalmente no reciben remuneración alguna por su labor.

Los equipos de investigación ética, finalmente, pueden estar integrados en las propias gestoras o ser externos a ella; de hecho, hay gabinetes especializados en la investigación ético-empresarial de las compañías presentes en los mercados de valores, como el británico EIRIS. Su misión es elaborar informes sobre las empresas que actúan -o dicen actuar- según los criterios establecidos por cada fondo y que son susceptibles de recibir las inversiones.

Fondos solidarios

En España el sector está autorregulado por una circular de la Comisión Ética de INVERCO (entidad que agrupa a las instituciones de inversión colectiva, fondos de pensiones y sociedades gestoras) con fecha de noviembre de 1999. El ente regulador público, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), la valoró positivamente. En ella, además de los fondos éticos y ecológicos, aparece una particularidad española: los fondos solidarios.

Un fondo solidario, según INVERCO, es aquel en que "la Sociedad Gestora cede una parte de la comisión de gestión a determinadas entidades benéficas o no gubernamentales", pero sin necesidad de cumplir con los criterios de selección -ni con las prácticas, por lo tanto- que caracterizan a los fondos éticos.

De este modo, un fondo responsable español puede ser ético, ecológico o que incida en aspectos sociales y, simultáneamente, ser solidario, al combinar ambos tipos. Siguiendo esta clasificación, de los 15 fondos españoles, siete son éticos y solidarios, cinco son ecológicos y tres son solidarios. En ellos invierten casi 6.000 partícipes.

Por volumen patrimonial, el Fondo Solidario ProUNICEF, con 3.162 millones de pesetas, es el primero de la lista, seguido por el Foncaixa Cooperación, con 2.278 millones, y el BCH Solidaridad, con 1.970 millones. En el otro extremo de la escala tenemos el Caixa Catalunya Solidari, con 526 millones.

Por rentabilidad, desde la fecha de su constitución, el líder indiscutible es el BBVA Solidaridad, con un 20,67%; le siguen Foncaixa Cooperación, con el 10,20%, y el Fondo Solidario ProUNICEF, con 8,89%; el veterano Ahorro Corporación Arco Iris, en cambio, acumula un resultado negativo del -3,9%.

¿Tienen futuro?

Las cantidades invertidas en fondos responsables no son significativas sobre el total de las inversiones financieras -en España sólo suponen un 0,06% del capital que mueven los fondos de inversión- y la desconfianza y el desconocimiento priman sobre unos productos todavía sin asentar. No obstante, el mundo anglosajón revela una fuerte tendencia al alza: en EE UU, entre 1995 y 1999, el número de fondos se multiplicó por tres y el capital invertido por 12.

En los mercados angloparlantes, los productos financieros éticos están bastante asentados y presentan gran diversificación y variedad. Tanto en el parqué neoyorkino como en el londinense existen índices de referencia que los aglutinan. EE UU marcó la pauta en 1990 con la aprición del Domini Social Index 400 -creado por KLD, una pionera agencia de investigación ética-, que recoge 400 empresas sometidas a un profundo análisis en el plano social. Por su parte, Reino Unido ha visto nacer su propio índice, el FTSE4 Good, muy recientemente.

Este auge coincide con la emergencia de un sector de la ciudadanía, vinculado a colectivos sociales y solidarios, con un perfil inversor particular. Los estudios realizados entre los partícipes de los fondos indican que éstos tienen un alto grado de fidelidad y que no buscan tanto la rentabilidad de la inversión como sus valores añadidos, los éticos, imposibles de cuantificar. En Gran Bretaña, en 1993, una encuesta entre los propietarios de NM Conscience Fund reveló que el 87% se había suscrito a raíz de la política inversora y sólo un 7% lo había hecho por el rendimiento.

Ahora bien, en cuanto a rendimiento, no tienen nada que envidiar. En EE UU, comparando la rentabilidad a 10 años del índice Domini Social Index 400 con el índice Standard & Poor's 500, el resultado es favorable al primero por 15,57% a 14,44%.

Y, ciertamente, no hay nada extraño en ello. Hay que tener en cuenta que, desde una perspectiva a largo plazo, las inversiones responsables no deben afrontar externalidades negativas -sociales, ambientales o de otro tipo- que pueden penalizar los resultados de las carteras.

Gabinetes de investigación ética: el caso de EIRIS

Al abrigo del éxito de los fondos de inversión responsables han surgido un grupo de entidades especializadas en investigar la actuación de las empresas presentes en los mercados bursátiles. Bucean en memorias, informes, recortes de prensa, Internet, documentos jurídicos y otras fuentes de información -sin exceptuar el diálogo directo con las compañías analizadas- para conocer sus prácticas y facilitar la información obtenida a sus clientes. Éstos, ya sean inversores particulares o instituciones de inversión colectiva, la utilizan para saber dónde deben colocar sus dineros.

El gabinete de investigación ética más importante de Europa es el Ethical Investment Research and Information Service (EIRIS), una organización británica sin ánimo de lucro nacida en 1983 desde algunas iglesias y entidades benéficas. Entre sus clientes podemos encontrar entidades del prestigio de Axa Sun Life, Goldman Sachs, JP Morgan Investment, Merril Lynch, el Ministerio de Finanzas noruego... Para ellos EIRIS analiza 2.000 empresas de todo el mundo.

En sus análisis, EIRIS ha establecido, en 40 áreas de actividad diferentes, un total de 350 indicadores sociales y medioambientales. Abarcan aspectos tan dispares como los salarios de los ejecutivos, la financiación de partidos políticos, el juego, la pornografía, la producción de sustancias contaminantes, el trabajo en favor del Tercer Mundo, la participación sindical... Estos indicadores varían según cambian los contextos. En Suráfrica, por ejemplo, hoy en día priman criterios que demuestren una política de integración social y laboral para la población negra, mientras que durante la época del Apartheid se fomentaban las campañas de boicot contra la minoría blanca dominante y racista.

Los indicadores en ningún momento saltan el umbral subjetivo de lo que se puede considerar ético y lo que no; simplemente reflejan actuaciones empresariales objetivas para que sean los propios inversores los que decidan si éstas se ajustan a sus propios valores y principios. En este sentido, el campo de trabajo está más desarrollado en el ámbito ecológico, existiendo una mayor tradición y unos parámetros más claros.

En España

La mayoría de los fondos éticos españoles cuentan con un equipo de investigación ética y de responsabilidad social de la empresa. En cuatro de ellos hay un gabinete de investigación externo, como en los del BSCH, asesorados por el del Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación de la Universidad Complutense de Madrid; en otros tres, como el caso del fondo de La Caixa, un equipo de investigación interno, de la propia gestora, desempeña la función.

Diálogo constructivo

Una práctica sumamente interesante, nacida en EEUU y en proceso de expansión al resto de los mercados, consiste en el llamado diálogo constructivo. Se trata de dar un paso más en la línea de fomentar las actitudes económicamente responsables y no se limita a discriminar entre unas empresas u otras a la hora de invertir. Así, cuando la directiva de una empresa toma decisiones contrarias a los criterios de un fondo que practique el diálogo constructivo, éste no sólo retira la inversión, sino que abre canales de comunicación entre los accionistas de la compañía para discutir la nueva política empresarial y, en lo posible, corregirla.

La opinión de los accionistas -que tienen voz y voto en las juntas generales en función del número de participaciones que posean- adquiere una mayor relevancia y se torna en un aspecto fundamental de la vida societaria. En EEUU, en la actualidad, cientos de resoluciones sobre la práctica empresarial son presentadas anualmente por los accionistas, influyendo de este modo en las estrategias utilizadas para generar valor.

Esta presión, combinada habitualmente con campañas de información pública, fomenta la adopción de códigos de conducta por parte de las empresas. Recientemente, algunas de las grandes multinacionales petrolíferas (Chevron, Texaco, BP Amoco, Shell...) han decidido modificar sus prácticas para eliminar los abusos que las fuerzas de seguridad que protegen sus instalaciones del Tercer Mundo cometen contra las poblaciones que las circundan. La iniciativa, impulsada por colectivos de defensa de los Derechos Humanos, contó con el apoyo del Departamento de Estado de EE UU y del Ministerio de Asuntos Exteriores británico.

Tomás Díaz

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