7 de octubre de 2008

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Vuelta a un mundo dominado por el terror
Jesús A. Núñez Villaverde



Jesús A. Núñez Villaverde - Director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid).
" Texto para Radio Nederland, 31 de diciembre de 2004.

En estas fechas, que ponen fin a un año cargado de preocupaciones y malos augurios hacia el futuro, más que un balance de la seguridad internacional tendría más sentido hacerlo sobre la inseguridad mundial. En efecto, el mundo no es hoy más seguro (también habría que añadir que tampoco es más justo, más solidario ni más sostenible) de lo que lo fue el pasado año. En realidad, desde el 11-S las relaciones internacionales se han adentrado por una senda tan obsesivamente centrada en la "guerra contra el terror", poniendo en juego unos instrumentos y unos esquemas de respuesta tan desestabilizadores (con la guerra preventiva como referencia), que pareciera que tanto los terroristas como quienes se les oponen estuvieran mutuamente interesados en dar la razón a Samuel P. Hungtinton en ver cumplido su tristemente famoso "choque de civilizaciones".

Por lo que respecta a Estados Unidos, el reelegido George W. Bush y su equipo de neoconservadores continúan imparables en su intento de consolidar su liderazgo mundial, colocándose por encima y al margen de cualquier instancia multilateral que pudiera suponer una limitación a su poderío. Su intención de hacer del siglo actual el siglo del predominio estadounidense se articula a través de viejas fórmulas, que parecían ya superadas, basadas en un incomparable potencial militar y en unas alianzas, circunstanciales y definidas en términos de subordinación, con algunos gobiernos alineados por el motivo que sea con la agenda de Washington (así caben en el mismo saco gobiernos como el de Gran Bretaña, Rusia o Paquistán, pasando por los de Colombia o Argelia). Desde la perspectiva del actual equipo de la Casa Blanca, la colaboración en la lucha contra los enemigos de Estados Unidos parece haberse convertido, por encima de cualquier otra consideración, en la única vara de medir la fortaleza o debilidad de las relaciones con otros países. Las recientes noticias sobre las personas que van a ocupar los puestos claves en la administración que se conformará a partir de enero hacen pensar en la decisión de mantener el mismo rumbo seguido hasta aquí, e incluso de manera más decidida (en tanto que Bush tiene ahora a su favor tanto al Congreso como al Senado y al Tribunal Supremo).

Por su parte, la Unión Europea sigue empeñada en manejar simultáneamente su propia agenda interna (para digerir su mayor ampliación hasta la fecha, para ratificar su Tratado constitucional y para asumir los retos que plantean los nuevos candidatos, con Turquía en lugar destacado) y en dotarse de capacidades reales en el terreno de la política exterior y de seguridad. Es bien cierto que el proceso se ha acelerado en estos últimos meses- a partir sobre todo de la aprobación (Bruselas, 13-12-03) de la Estrategia de Seguridad Europea y de la asunción directa de misiones de paz como las de la R. D. del Congo, Bosnia y probablemente Afganistán-, pero todavía queda lejos el momento en el que la UE se convierta en un actor de primer orden en el concierto mundial. En realidad, los Veinticinco todavía no han llegado a tomar una postura clara sobre su verdadera vocación internacional; queda por ver si aspiran a ser únicamente un club de países democráticos y desarrollados (en la medida en que se consiga elevar los niveles de los nuevos miembros) enfrascados en su propio mundo, o si pretenden convertirse realmente en una potencia civil con capacidades militares, interesados en contribuir desde la primera línea a la conformación de un mundo más seguro, utilizando sus amplísimos recursos en la prevención y gestión de los conflictos.

Al margen de estos dos grandes actores, el balance que deja este año muestra una desconfianza evidente en la voluntad de la comunidad internacional para cumplir con los compromisos adquiridos en torno a los ocho objetivos definidos en la Cumbre del Milenio y una debilidad palmaria en los esfuerzos por reforzar los mecanismos preventivos. La reforma de la ONU sigue siendo un tema recurrente, ante la necesidad obvia de modificar su estructura y sus capacidades, pero no se ha logrado hasta ahora más que la presentación de un informe del Grupo de Sabios, designados por Kofi Annan, para impulsar ese proceso sin que nada indique que, esta vez, exista una voluntad política entre los más poderosos para facilitar su puesta en práctica.

Mientras tanto, la fuerza militar concentrada en la lucha contra los síntomas de la violencia acaparan la atención tanto si nos referimos a Colombia o a otros países de la zona, como al eterno conflicto árabe-israelí, que se desliza por una senda de sangre a la que no se ve fin, en la medida en que la comunidad internacional (UE incluida) no ha conseguido ni liderar ni presionar de manera efectiva a Washington para empujar a Ariel Sharon y a los líderes palestinos hacia el diálogo. La desaparición de Yaser Arafat no basta, por sí misma, para abrigar esperanzas de paz, en tanto que Sharon siga creyendo que puede lograr sus objetivos, sin renunciar en todo caso más que a la Franja de Gaza, por la fuerza, siguiendo el modelo que su mentor estadounidense viene desarrollando en Afganistán o Iraq.

Evidentemente, Iraq ha concitado la atención internacional (con el coste de seguir dejando en el olvido a otros focos de conflicto tanto o más desestabilizadores). Es aquí, en un proceso de deterioro constante y ante una situación muy alejada de los sueños de los planificadores del Pentágono, donde se está poniendo en experimentación el nuevo orden/desorden mundial y las reglas de juego que pretenden regir esta nueva etapa histórica. Tras el desmoronamiento de todos los argumentos utilizados para lanzar la ilegal campaña militar, se ha optado ahora por manejar la idea de la democratización del país, como ejemplo a seguir posteriormente en el resto del mundo árabo-musulmán. Esta guerra, que en ningún caso puede darse por acabada como reiteradamente nos quieren hacer ver, está demostrando la incapacidad de Washington para atender por sí sólo a las amenazas y riesgos a los que nos enfrentamos. Sólo queda, a la luz del desastre, que el ejemplo iraquí entierre la idea de la guerra preventiva, del unilateralismo y del aventurerismo militar y sirva para volver la vista hacia las estrategias preventivas que, utilizando el enorme potencial que atesora al comunidad internacional, active mecanismos e instrumentos diplomáticos, económicos y políticos para atacar de manera más efectiva las causas que generan los conflictos.

Aunque no cabe dar la espalda a esta esperanza, resulta dolorosamente necesario confirmar que, de momento, la dinámica impulsada con la fuerza que Estados Unidos puede emplear en defensa de sus posiciones, está relegando la agenda de la seguridad cooperativa y colectiva a los ámbitos estrictamente académicos o de los agentes sociales, alejándola de la agenda política que, aunque en grado diferente, todos los demás Estados están asumiendo (los resultados de las elecciones estadounidenses están convenciendo a los, hasta entonces, más reticentes de la conveniencia acomodarse a la nueva realidad). Lo acumulado en este año que termina confirma la voluntad política dominante de mantener cerrada la ventana de oportunidad que se había abierto en la década pasada, cuando se entendió que las pandemias, el deterioro medioambiental, la pobreza y la exclusión eran amenazas tan reales como las del terrorismo internacional, el narcotráfico o el crimen organizado. Desgraciadamente, y sin que se haya avanzado en la resolución de ninguno de estos problemas, los vientos soplan a favor de quienes pretenden concentrarse en ocupar los vacíos de poder ocasionados por el derrumbe de la Unión Soviética (tanto en la Europa central y Oriental como en el Asia central), mientras que otras zonas del planeta siguen hoy, como ayer, abandonadas a su suerte (con el conjunto de los países del África Subsahariana en cabeza).

Por su parte, China comienza a asomar por el horizonte, dejando, para quien quiera entenderlo, un mensaje de que su tiempo se va acercando.

Comentarios: director@iecah.org



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