Sudán: varias partidas en un solo tablero Francisco Rey Marcos
Francisco Rey Marcos - Investigador del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).
En una conocida canción de los años ochenta el grupo chileno Quilapayún decía aquello de "es Chile un país tan largo, mil cosas pueden pasar" enfatizando la variedad de cuestiones y problemas que afectaban a diversas zonas de ese largo y estrecho país. Pues bien, Sudán, segundo país en superficie de África, no sólo es largo sino muy ancho y extenso, y en él se están desarrollando diversas "partidas" que en ocasiones parecen contradictorias, pero que se influyen unas con otras y que están poniendo en peligro no sólo la estabilidad de la región, sino la vida de millones de personas.
En los últimos meses la atención internacional ha estado centrada en la catástrofe humana que asola la región de Darfur y raro ha sido el líder internacional que no ha ido a hacerse la foto con los refugiados en el fronterizo Chad, o con los desplazados internos. Los resultados de estas visitas y de un cierto interés mediático no han sido muy halagadores pero, al menos, unido a las presiones de las ONG, han permitido mejorar un poco la situación humanitaria y aprobar algunas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que, aunque bastante moderadas y poco impositivas, sí han sido recibidas como toques de atención por el gobierno de Jartum. La tragedia en Darfur continúa y el gobierno sudanés está, únicamente, controlando un poco más firmemente a las milicias janjaweed y dando algunas mayores facilidades de acceso y trabajo a las organizaciones humanitarias, pero eso sólo forma parte de un tablero mucho mayor en el que otras muchas cosas están en juego. Además, Darfur, peligrosamente, ha desaparecido de las portadas de los medios de comunicación las últimas semanas.
Por ello, el inicio ayer de un nuevo ciclo de conversaciones entre el gobierno sudanés, representado por su vicepresidente Ali Osman, y los rebeldes del SPLA (Ejército Popular de Liberación de Sudán), con su líder el coronel John Garang a la cabeza, para tratar básicamente del proceso de paz entre el norte y el sur del país, debe ser visto en un contexto mucho más complejo donde se entremezclan variables humanas, de seguridad, de relaciones internacionales... pero también económicas y de fuertes intereses petrolíferos en la zona.
La ronda de conversaciones iniciada ayer, la quinta desde septiembre de 2003, pretende concluir un acuerdo de paz, dejando sólo para los meses posteriores cuestiones "técnicas" relacionadas con el alto el fuego y la seguridad en general. Es cierto que durante las cuatro rondas anteriores se ha avanzado, al menos en teoría, bastante y se han firmado siete protocolos que ahora deben ser ratificados y comenzados a poner en marcha. En ellos se han fijado cuestiones clave en todo proceso de posguerra, como la composición del futuro ejército (39.000 efectivos de ambas procedencias); la autonomía para el sur por un periodo de seis años, al que seguirá un referéndum para decidir sobre la secesión; el reparto de los ingresos del petróleo al 50% entre las dos partes; la composición de la administración en las diferentes zonas del país en porcentajes variables según composición étnica; y la permanencia de la ley islámica, la Sharia, en el norte, entre otros aspectos.
Sin embargo, la fragilidad de todo el proceso es enorme y cualquier error puede ser entendido como una provocación y dar al traste con el mismo. La comunidad internacional ha usado como coartada, para no involucrarse más en la guerra de Darfur, su interés en que las conversaciones de paz pudieran desarrollarse con normalidad para conseguir la paz en todo el país, aunque ahora parece desentenderse un poco. La propia posición del representante de Naciones Unidas en Sudán, Jan Plonk, va en esa línea de optimismo al afirmar que "es tiempo de terminar las conversaciones que se han comenzado y eso afectará favorablemente a la paz en todo el país". Los datos que llegan del terreno no son tan optimistas y muchos observadores han abogado por mayores presiones de los organismos internacionales y de los países poderosos sobre el gobierno sudanés, tanto en lo que afecta a la situación en Darfur como a la mayor convicción sobre el proceso de paz en general. Los países occidentales han mantenido en todo este proceso una demagógica posición- con un apoyo a la OUA y a la participación de otros países africanos, bajo el lema de que "los problemas de África deben ser resueltos por los africanos"-, que en realidad esconde el interés de ciertos países en mantener sus privilegiados acuerdos económicos con el régimen de Jartum. Posición de bajo nivel que, en cualquier caso, no es compatible con servir como excusa para no actuar más decididamente en Darfur.
Por ello, sería necesaria una mayor involucración de las Naciones Unidas y de la comunidad internacional en general, presionando tanto para la feliz conclusión de las conversaciones de paz entre el norte y el sur, como para la finalización de las atrocidades en Darfur. Ambas partidas se juegan en el mismo tablero y pueden influirse positivamente si se ejerce esa presión y vigilancia internacional. De lo contrario, el riesgo de un fracaso de las conversaciones y el agravamiento de la guerra en todo el país seguirán siendo una dramática posibilidad.
13/10/04
Comentarios: francisco.rey@eresmas.net
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