7 de octubre de 2008



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Acción Social Corporativa


Los monstruos no tan lejanos de EEUU
María José Salvador Rubert



La reciente irrupción de Bin Laden, a escasos días de las elecciones norteamericanas, está marcando el final de la campaña electoral. El impacto de esta entrada en escena se barema de modo distinto entre republicanos y demócratas, sin embargo lo que sí está claro es que aparece en un momento crucial: las encuestas dan escaso margen de triunfo a George W. Bush quien al mismo tiempo es a quien el 60% de la población considera más fiable en la lucha contra el terrorismo.

El sistema internacional se encuentra en uno de sus momentos más graves desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Las tensiones que antecedieron a la guerra de Irak y los pasos que están dando los EEUU y algunos de sus aliados con posterioridad a la contienda muestran que hay un intento de reorganizar el mundo, de alcanzar un nuevo orden que recuerda los peores intentos autoritarios del siglo XX.

El fin de la guerra fría marcó el origen de un nuevo orden internacional llamado 'unipolar' por algunos expertos. Este orden unipolar liderado por los EEUU recupera la confianza, ya clásica, de los EEUU que consideran la supremacía de sus valores y poder hasta el extremo de luchar para extenderlos al resto del mundo.

A los norteamericanos nunca les gustó el concepto Raison d'Êtat, que supone que los intereses de un Estado justifican cualquier medio para conseguirlos, sin embargo esto no implica que no lo hayan practicado. Hay múltiples ejemplos en la historia, desde los Tratados firmados por los Padres Fundadores con las potencias occidentales, hasta la obsesiva búsqueda de expansión hacia el oeste, ocultos bajo el paraguas del célebre Manifest Destiny.

El periodo de la post-guerra fría concedió a los EEUU la responsabilidad de diseñar un nuevo orden mundial, debido a su condición de única superpotencia, para ello los EEUU tenían dos opciones: intervenir y resolver cada conflicto en el escenario internacional, o seguir su instinto aislacionista.

Intervenir en cada conflicto, a modo de gendarme mundial, suponía un esfuerzo excesivo. No obstante, mantenerse al margen implicaba pérdida de esferas de influencia.

Cuando en 1821 John Quincy Adams, apuntó que los EEUU eran proclives a salir al exterior a 'matar monstruos lejanos', no era consciente de la cantidad de 'monstruos' que le aparecerían tras el fin de la guerra fría. Muchos de estos monstruos creados, al tiempo, por la propia inteligencia norteamericana.

Tras los acontecimientos del 11-S, los EEUU empezaron a buscar los vínculos de la red Al Qaeda alrededor del mundo. La primera intervención se produjo en Afganistán; John Negroponte, embajador norteamericano en las Naciones Unidas, entregó una carta el 8 de octubre de 2002 al Consejo de Seguridad de la ONU en la que indicaba que la guerra se extendería más allá de Afganistán si era necesario. De hecho la guerra contra el terror se anunció más allá de la 'supuesta' búsqueda de Bin Laden en Afganistán, y se amenazó con ampliar la 'lista de enemigos' con Hamas, Hizbollah, incluyendo a sus patrocinadores: Irak, Siria, Somalia, o Irán.

Así, siguiendo los pasos de una estrategia milimétricamente planificada, en marzo de 2003, el gobierno Bush, elevó a la máxima expresión su carácter de potencia unipolar, e intervino en Irak al margen la legalidad internacional. Se esgrimieron mil y una razones, ninguna convenció a la opinión pública mundial que masivamente gritó un 'no a la guerra'. Armas de destrucción masiva (nunca encontradas), planes de democratización del país, acabar con el dictador Sadam Hussein (otro de sus monstruos), en definitiva un sin fin de despropósitos que poco a poco fueron calando en la sociedad norteamericana que ya no estaba tan segura de que la guerra contra Irak fuese a garantizar su seguridad.

Si pensamos en los intereses geopolíticos del imperialismo estadounidense, la emprendida guerra mundial contra el terror, resulta un tanto sospechosa. Existen artículos que afirman que se está combatiendo el terrorismo con colonialismo. Si a esto sumamos, que los países acusados de patrocinar el terrorismo son: Afganistán, Irak, Siria, Irán, y Somalia, se observa como conforman una región estratégica para los negocios de los EEUU. Son ricos en gas, y petróleo. El mejor modo de conseguir y garantizar estabilidad en esta área es dominándola, puede que el 'nuevo colonialismo' bajo la forma de 'antiguo Estado terrorista administrado por occidente' no esté tan lejos.

El "monstruo", cuya búsqueda, ¿legitimó? la guerra en Afganistán, ha vuelto a aparecer en plena campaña electoral norteamericana polarizando el debate electoral. La lectura de las consecuencias que esta irrupción puede tener son diversas, los republicanos liderados por George W. Bush alzan la bandera del no nos dejaremos intimidar. Mientras que los demócratas queman su último cartucho argumentando que la aparición de Bin Laden en Al Yazira no es más que la muestra del fracaso de la 'guerra contra el terror' de su contrincante. Sea cual sea el resultado, lo que sí parece estar claro es que cada vez las casualidades son menos casuales.

Comentarios: solejat@hotmail.com

* María José Salvador Rubert. Investigadora del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), Madrid.



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