Más allá de la foto de las Azores
María José Salvador Rubert. 22 de marzo de 2007.
Cuatro años después de la foto de las Azores, donde George W. Bush, Tony Blair y Jose María Aznar decidieron invadir Iraq al margen de la legalidad internacional, el balance no puede ser más desalentador.
Más de 650.000 iraquíes muertos, unos dos millones de refugiados, y más de 3.500 bajas entre los soldados de las fuerzas de ocupación. Sadam Hussein ahorcado, y sin rastro de las armas de destrucción masiva. Ni los informes de Hans Blix, entonces inspector jefe de las Naciones Unidas, que alertaban sobre la inexistencia de armas de destrucción masiva, ni las manifestaciones multitudinarias en contra de la guerra, modificaron los planes del “Trío de las Azores”.
Con la caída de Sadam se estableció una Autoridad Provisional de la Coalición (APC), que debía ejercer poderes de gobierno temporalmente en Iraq. El Consejo de Seguridad de la ONU reconoció, a los Estados que formaban parte de la coalición en calidad de potencias ocupantes, la autoridad y responsabilidad sobre territorio iraquí, conforme a derecho internacional. El mismo Consejo de Seguridad reconoció que dicha APC finalizaría sus funciones cuando se estableciese un Gobierno representativo elegido por el pueblo de Iraq, y reconocido internacionalmente. El 28 de junio de 2004, asumía sus plenas funciones el Gobierno provisional soberano de Iraq, poniendo fin a la ocupación y, como derivación inmediata, disolviendo la APC.
Las violaciones del Derecho Internacional Humanitario fueron constantes durante la ocupación, pero se produjo una situación no menos alarmante desde el punto de vista del derecho internacional; el hecho de que las Naciones Unidas convirtiese a las fuerzas de ocupación en fuerza multinacional para el mantenimiento de la paz y seguridad en Iraq en 2003. Esta decisión permite que, a día de hoy, las tropas estadounidenses y británicas- las españolas regresaron con el cambio de Gobierno- sigan en el país, en una situación de ocupación velada, a pesar de que oficialmente esta etapa haya terminado y de la formación de una Asamblea Nacional de Transición, elegida democráticamente el 31 de enero de 2005 en Iraq.
Las organizaciones humanitarias presentes en la región califican la situación de catástrofe humanitaria. A sus argumentos se suma la revista Lancet , que recientemente publicaba que 2006 fue el año más sangriento desde la invasión en 2003. En la primera mitad del año pasado murieron 1.000 iraquíes por día de media, y las tropas extranjeras mataron más iraquíes en 2006 que en los primeros años de ocupación, incluyendo la invasión y la masacre de Faluya.
La principal víctima de la guerra es la dignidad humana, tal y como afirmó Jacob Kelleberger, Presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja. La población civil, los combatientes heridos y las personas privadas de libertad cobran especial trascendencia en el caso de Iraq: Abu Ghraib, el alto número de ‘daños colaterales' y las constantes violaciones del Derecho Internacional Humanitario reflejan la facilidad con que los Convenios de Ginebra se vulneran a pesar de la amplia adhesión formal a los mismos.
Mientras tanto, el recién nombrado Secretario General de la ONU, el surcoreano Ban Ki Moon, aprovecha la reunión de las Naciones Unidas en Nueva York que se celebra estos días, para dar un nuevo impulso al plan para la reconstrucción de Iraq, planteado en julio de 2006, del que todavía no se atisba resultado alguno. Ban ha reconocido que los planes de reconstrucción todavía no han producido resultados tangibles y ‘lamenta que se produzcan ataques a civiles prácticamente a diario'.
El mismo Gerald Ford, ex presidente de los EE. UU. concedió una entrevista en 2004 a una cadena norteamericana, que sólo se divulgó tras su fallecimiento, en la que indicaba que Bush cometió un ‘gran error' en su justificación de la invasión a Iraq. Igualmente, la opinión pública mundial se manifestó para decir ‘no a la guerra', pero nadie la escuchó. Ahora es imposible retroceder en la máquina del tiempo y evitar lo que en su momento fue inevitable. Los que nos manifestamos hace cuatro años, nos volvemos a manifestar para pedir el fin de la ocupación y el respeto a los Derechos Humanos en Iraq, y en tantas otras partes del mundo.
Sólo nos queda esperar que quienes decidieron invadir Iraq hayan aprendido la lección, y que ésta sirva para que dejen de sonar, aunque de momento sean tenuemente, los tambores de guerra sobre Irán.
Comentarios: sede@iecah.org
* María José Salvador Rubert – Profesora asociada de Derecho Internacional Público en la Universidad Jaume I de Castellón y colaboradora del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).
Texto para Levante-El Mercantil Valenciano
22 de marzo de 2007.
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