La crisis de Darfur y el efecto CNN Alfredo Langa Herrero
Decía Johanna Neuman en 1996, entonces editora de noticias del extranjero del periódico USA Today, que cuando la cadena CNN inunda las ondas con noticias de una crisis en alguna parte del planeta, los responsables políticos norteamericanos en particular y mundiales en general no tenían más remedio que volver su atención y hasta sus esfuerzos diplomáticos hacia esa crisis. También sostenía Neuman que se produce un efecto similar en la opinión pública, provocando un sentimiento emocional que presiona a los políticos para que se inmiscuyan, sea o no justificada la intervención. Este curioso y peligroso fenómeno es lo que se ha denominado en los últimos años efecto CNN.
Como apunta Thierry Meyssan, dicho efecto es sumamente importante hoy en día, sobre todo porque la cadena CNN es capaz de cubrir todos los eventos internacionales y suministrar al resto de cadenas del mundo información continua con imágenes y sobre todo, de manera más o menos encubierta, opinión. El concepto propio de información continua es en sí mismo novedoso y podemos decir que fue inaugurado con la retrasmisión en directo de la Segunda Guerra del Golfo (1991), difundida al unísono por casi todas las cadenas mundiales al modo CNN.
Como esta cadena suministra la información al resto, a modo de proveedor en condiciones de monopolio informativo, las cadenas nacionales se convierten en meros soportes desde donde CNN emite su programación. En última instancia, no son más que cajas desde las que el pensamiento y opinión únicas se esparcen y extienden por el planeta sin diferenciar culturas o costumbres. Una sola forma de ver el mundo se impone por encima de culturas y nacionalidades, aunque en los últimos años, la existencia de la cadena qatarí Al- Jazeera haya ofrecido una interesante alternativa.
En este contexto de tratamiento de la información y de funcionamiento de los servicios informativos a nivel mundial interesa considerar el caso particular de las situaciones de crisis humanitarias, provocadas o no por situaciones de conflicto, como objeto informativo. En ocasiones, dichas situaciones de crisis no son más que señuelos que sirven con una función muy importante dentro del efecto CNN: desviar la atención de la opinión pública estadounidense, primero, y mundial, seguidamente, de noticias que es mejor no mostrar en su totalidad.
Así ocurrió en la primavera de 2000, cuando todos los medios informativos dirigieron su atención durante unos meses de nuevo hacia Etiopía, un país conocido por el gran público casi exclusivamente en relación con las graves crisis humanitarias que acaecieron en los años 80 y 90 y quizás algo por sus atletas. Nunca se ha intentado dar a conocer su vasta cultura y la realidad de sus gentes, pero en aquel momento la inminencia de una situación de desastre humanitario provocado por la persistente sequía centró momentáneamente la atención hacia aquel país del Cuerno de Africa. Aquélla no fue una crisis especial ni extraordinaria, según el criterio de la mayoría de organizaciones de ayuda humanitaria que se encontraban entonces trabajando en el país, sin embargo CNN puso en marcha su maquinaria… y el efecto se produjo. Multitud de organismos públicos y privados, primero de Estados Unidos y después del resto de países occidentales acudieron a los diversos llamamientos y el, por algunos, llamado "circo humanitario" estuvo servido. Hay que aclarar, en todo caso, que entonces la crisis no fue falsa, ya que Etiopía vive una situación de crisis estructural. Lo que sí varió fue el tratamiento mediático extraordinario que se le dio en aquel momento.
Apenas un mes después se produjo una nueva situación de crisis, provocada por la ofensiva militar etíope y la invasión de varias ciudades fronterizas de la vecina Eritrea, que provocó un flujo masivo de refugiados eritreos hacia la región sudanesa de Kassala, al noreste del país. El tratamiento mediático en este caso no fue el mismo, aunque fue ésta una crisis de alta gravedad que llegó a provocar el despliegue de una Misión de la ONU (UNMEE). Tampoco ha sido el mismo en el caso de la República Democrática del Congo, que vive desde hace años una grave situación de guerra civil que ha provocado miles de víctimas, así como una infinidad de desplazados y refugiados, sin que dicho tratamiento haya sido el de aquella primavera de 2000.
Otro tanto puede decirse de Colombia, que sufre una situación de violencia estructural con una paralización total de los acuerdos de paz, sin que apenas se den noticias más allá de las reseñas puntuales debido a matanzas o atentados. Somalia, por su parte, dejó de ser un Estado hace tiempo y su precaria estructura administrativa estalló en pedazos, al igual que el propio territorio, dividido ahora entre facciones guerrilleras y un nuevo Estado no reconocido (Somalilandia). El Salvador, de igual manera, vive una situación de paz oficial pero donde la delincuencia común y la organizada en torno a las maras (grupos de delincuentes juveniles organizados al estilo de las bandas estadounidenses) están causando un mayor número de víctimas que los combates entre el gobierno y la guerrilla del FMLN de los años ochenta.Estos ejemplos- escogidos arbitrariamente en el continente americano y africano- nos recuerdan, al igual que podrían hacerlo muchos (Sierra Leona, Liberia, Haití…), que las situaciones de crisis salpican permanentemente los diferentes rincones del planeta, al margen de cuál sea la atención que les prestan los medios de comunicación como CNN. De ahí que cuando, en un momento determinado, deciden concentrar su punto de mira en una determinada situación y en un determinado territorio, surge la duda de si se trata de un repentino interés puramente informativo o si, por el contrario, existen poderosas razones de otra naturaleza para desviar la atención de la opinión pública de otros escenarios o realidades menos favorables.
El ejemplo más actual de este esquema de comportamiento nos lleva a Darfur. Esta región sudanesa viene sufriendo desde hace un año- en el contexto de una guerra civil que asola el país desde hace ya más veinte años y que ha producido más de dos millones de muertos y cuatro millones de refugiados y desplazados- una grave crisis humanitaria que está desplazando a su población hacia zonas fronterizas con el Chad y hacia dentro de territorio chadiano. Tras largos meses de absoluto silencio informativo, en lo que a las cadenas internacionales de comunicación se refiere, en estas últimas semanas se vienen sucediendo noticias, dosificadas en todo caso, que abren de repente los ojos a una realidad desconocida para el gran público.
La reciente visita a Jartum del Secretario General de la ONU, Kofi Annan, y del Secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, ha provocado un aumento de la cobertura informativa del problema de Darfur. ¿Es éste el resultado de un sincero interés por solucionar la crisis antes de que sea demasiado tarde, como en el caso ruandés o en el contexto del que surgió el we are the world? ¿Es parte de una estrategia, repetida en diferentes ocasiones en el pasado, para desviar las críticas frente al fracaso en otros frentes (Afganistán, Iraq…) o para contrarrestar la imagen de marginación y subordinación de la ONU?¿Estamos condenados, en cualquier caso, a esperar que sea otra vez el efecto CNN el que ponga a estas crisis en el mapa como única vía para resolverlos? ¿Es éste el camino eficaz para gestionar la globalización y sus defectos?
* Alfredo Langa Herrero - Economista y colaborador del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH.)
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