Colombia y el baile de las palabras Víctor de Currea-Lugo - 08 de octubre de 2006
De nuevo se habla de paz en Colombia. Ese tema no es una novedad, como tampoco es novedad decir que en cuanto se mira un poco más allá de las tres letras de la palabra paz, se acaba cualquier acuerdo.
De paz se habló en los años 50 del pasado siglo, cuando 300.000 campesinos colombianos fueron masacrados y luego de un proceso de paz, los líderes de las guerrillas liberales de aquel entonces fueron asesinados.Se habló de paz en los años 80 y pasó lo mismo: algunos guerrilleros se desmovilizaron y comandantes de las guerrillas del EPL y del M-19 fueron asesinados.
Se habló de paz en las elecciones de 1990 y los candidatos que se preparaban a participar fueron asesinados: Luis Carlos Galán (del Partido Liberal), Carlos Pizarro (del M-19) y Bernardo Jaramillo (de la Unión Patrótica). Incluso el candidato y vocero de la extrema derecha, Alvaro Gómez, fue asesinado años después con participación de la propia inteligencia militar.
A las FARC en los años 80, se les permitió hacer, junto con el Partido Comunista, el experimento de hacer una fuerza política como paso previo a un proceso de desmovilización: la Unión Patriótica. Esta organización fue literalmente exterminada, más de 3.000 muertos, una condena de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y ni uno solo en la cárcel.
Así han hablado de paz todos los gobiernos, pero sin renunciar a su defensa de los intereses de las élites gobernantes. Habló de paz Andres Pastrana, el anterior presidente, hijo de otro anterior presidente que también habló de paz. Pero luego hubo un presidente que fue elegido porque habló de guerra: Alvaro Uribe Velez; él dijo que la cosa se arrreglaba a bala y se define así mismo claramente como "un administrador de fincas y un domador de caballos". Fue el único presidente de América del Sur que apoyó la invasión a Iraq y hasta propuso sin reparo que cuando las tropas acabaran su tarea allí se vinieran a Colombia.
Pero Uribe fracasó, porque la guerra no es un asunto militar sino un asunto político-social que va más allá del número de fusiles. Sin embargo, Uribe fue reelegido y volvió renovado con el discurso de la paz como todos los anteriores presidentes, sin que se vea ninguna diferencia.
En el fondo, esta vez propone un diálogo abierto, como hizo Samper, incluso desmilitarzar un área del país, como hizo Pastrana, realizar una asamblea constituyente, como hizo Gaviria, proponer un intercambio de guerrilleros detenidos por civiles secuestrados como han propuesto varios, es decir: Uribe no es original... ¿Es que Colombia no tiene memoria?
Pero, ¿funcionarán esta vez tales propuestas?. Desconfía y acertarás, dicen los colombianos. Lo primero es diferenciar entre una zona desmilitarizada para intercambiar detenidos por secuestrados, que una zona desmilitarizada para un proceso de paz: no es lo mismo el llamado "intercambio humanitario" que un proceso de paz propiamente dicho. Lo segundo, diferenciar que una cosa es hacer unas mesas de negociación para "hablar por hablar", como fue el caso del proceso de Pastrana, y otra cosa es una mesa con capacidad de negociar. Lo tercero, es que si hubiera una desmovilización, los comandantes de la guerrilla no fueran asesinados. Lo cuarto que si hubiera una asamblea constituyente, tal nueva Constitución no termine siendo descafeinada por las élites hasta reducirla a su mínima expresión, como ha pasado con la Constitución de 1991. Y del lado de la guerrilla, pues más de lo mismo: que entiendan el proceso de paz como un espacio de negociación y no de simple rearme, que el respeto a la población civil sea un imperativo innegociable, que cesen las prácticas de secuestro de civiles, y no que se haga una nueva ola de secuestros para liberar a los próximos detenidos de la guerrilla.
El baile de la palabras en Colombia es llamar paz a acuerdos entre partes sin que se tenga en cuenta la población civil y sin querer tocar las verdaderas causas del conflicto, llamar "acuerdo humanitario" un intercambio de personas que han perdido su libertad sin tocar otros temas como los desaparecidos, los más de 3 millones de desplazados, y un largo etcétera. Como dicen las FARC, los anteriores procesos de paz en La Uribe, Caracas, Tlaxcala y San Vicente, fueron oportunidades perdidas. Un intercambio de personas detenidas por secuestradas es un gran paso y un paso urgente: liberar civiles secuestrados,como por ejemplo la ex candidata franco-colombiana Ingrid Betancur, es un gesto importante e indispensable, pero no es la paz de Colombia.
Lo que no se puede es confundir intercambio con negociación, ni negociación con desmovilización, ni desmovilización con fin de los factores del conflicto colombiano, ni Constitución con justicia social. Las FARC no pueden seguir considerando la entrega de civiles secuestrados como un favor, ni el gobierno debe seguir usando un intercambio como un espacio para oxigenarse ante el creciente descrédito, tanto a nivel nacional, como de cara a la comunidad internacional.
Hace 5 años, en el medio de otro fallido proceso de paz entre el gobierno de Pastrana y las FARC, éstas enviaron una carta pública al presidente diciendo más o menos lo siguiente: "no entendemos porqué el Gobierno afirma que no es negociable ninguno de los siguientes temas: el Plan Colombia, el plan de desarrollo, la modificación democrática de las instituciones del Estado, los acuerdos internacionales contraídos por el Estado en materia económica, política, judicial, militar y de extradición, ni el calendario electoral. Visto lo anterior, pedimos de ustedes que digan que es lo negociable con el Estado". Esa es la pregunta que sigue sin respuesta.
Comentarios: sede@iecah.org
Víctor de Currea-Lugo - Médico, profesor universitario, especialista en derechos humanos y colaborador del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH).
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