Cien días al frente de la ONU
Francisco Rey Marcos. 13 de abril de 2007.
La imagen de la rueda de prensa en Bagdad del Secretario General de la ONU Ban Ki-moon y el presidente iraquí Yalal Talabani, interrumpida abruptamente por una cercana explosión que fue transmitida a todo el mundo en vivo y en directo, simboliza los primeros cien días del líder surcoreano al frente de la ONU: un intento de reconducir algunas cuestiones como la crisis iraquí, que se topan con la cruda realidad. En cualquier caso, sí han sido días intensos que permiten prever algunas de las tendencias que parece impulsar el nuevo Secretario General.
En primer lugar, Ban Ki-moon ha optado por una actuación más discreta y con menos presencia en los medios que su predecesor. Y eso es de agradecer. Salvo actos como el de Bagdad, sus viajes y decisiones han estado más presididos por el pragmatismo que por la obsesión mediática. El diario Herald Tribune ironizaba esta semana sobre el síndrome de “globetrotter” del Secretario General por sus muchos viajes, pero no parece que eso sea un problema. Ha viajado a las zonas calientes del planeta y a ver a aquellos que pueden ser sus socios durante su mandato. Y lo ha hecho, en general, de modo planificado y con mensajes bastante ajustados y en clave diplomática y bastante coherente con los valores del organismo que preside.
En segundo lugar, la elección de sus prioridades parece también bastante razonable aunque el éxito no le haya acompañado hasta ahora. Tras los titubeos de los primeros días que hicieron que no hubiera una condena expresa de la ejecución de Sadam Hussein, ni de la pena de muerte en general, sus iniciativas sobre la crisis de Darfur, el conflicto palestino – israelí, o Iraq han sido ajustadas. Lee Feinstein del Consejo de Relaciones Exteriores en Washington ha dicho con agudeza que “los segundos cincuenta días han sido mejores que los primeros y el hecho de centrar sus energías en Darfur es correcto”. Y es que, parece claro que, es en la crisis sudanesa y sus repercusiones sobre los países vecinos donde se juega gran parte de la credibilidad futura de la ONU.
Tras muchos años de discusiones en diversos organismos, la Asamblea General de la ONU aprobó en 2005 el llamado principio de “responsabilidad de proteger” que obligaría a la comunidad internacional a actuar en aquellos casos de genocidio, violación masiva de derechos humanos, crímenes de lesa humanidad y otros supuestos, al margen incluso, de la opinión de los gobernantes del país implicado. Para muchos analistas y ONG, y también para muchos países, la situación que vive Darfur entra dentro de estos parámetros y exigiría un papel más enérgico por parte de Naciones Unidas. En su visita a Sudán, Ban Ki-moon expresó al presidente sudanés Omar al-Bashir que la situación era intolerable y abrió vías para el despliegue de una fuerza mixta Unión Africana – ONU, que pudiera ser aceptada por el régimen sudanés. Los resultados, sin embargo, se hacen esperar y las consecuencias humanitarias de la crisis son cada vez más alarmantes. Y las posibilidades reales de regionalización del conflicto, no sólo a Chad sino a República Centroafricana, son cada vez más evidentes. El Secretario General ha tratado de influir indirectamente también a través de la Unión Africana o la Liga Árabe, participando en sus reuniones y eso es un buen gesto, pero de no haber resultados próximos, su credibilidad se resentiría.
En otros temas, como la reforma de la ONU, las cosas están caminando de forma mucho más lenta. Se ha producido el cambio en la cúpula del organismo con algunas designaciones decepcionantes como la del Vicesecretario General para Asuntos Humanitarios, pero el resto sigue parado. Las esperanzas en que consiga impulsar algunas de las reformas, continúan, aunque serían necesarias medidas urgentes en temas que fueron polémicos durante el mandato de Kofi Annan, como la política de contrataciones y lucha contra la corrupción –puesta en evidencia en el programa Petróleo por alimentos-, o las sanciones a los cascos azules implicados en abusos sexuales, por poner dos de los ejemplos más evidentes.
En tercer lugar, algunas noticias de la última semana debieran hacer que el Secretario General estuviera atento a ellas. La agenda de los Objetivos de Desarrollo del Milenio como pilar fundamental del trabajo de la ONU, se ha topado con los datos publicados por el Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE (CAD) sobre el retroceso en los fondos de ayuda al desarrollo durante el año 2006. Este descenso de más del 5% de los flujos de ayuda, que rompe la tendencia de los últimos años, es una mala noticia. Peor aún, si analizamos en detalle esos datos y comprobamos que muchos de los fondos contabilizados no son nuevos recursos, sino condonación de la deuda. Por tanto, parece que en los próximos meses el Sr. Ban Ki-moon debería dar más importancia a los temas de desarrollo y a promover el diálogo entre países del Norte y del Sur en el seno de la ONU.
Comentarios:francisco.rey@iecah.org
* Francisco Rey Marcos. Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid).
Texto para Radio Nederland, 13 de abril de 2007.
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